Tiempo de vida

Marcos Giiralt Torrente

Marcos Giralt Torrente. (Anagrama, 2011)

Texto_ Serena Ávila

Con este libro me ha ocurrido lo mismo que cuando he creído estar embarazada, que todas las formas de mi entorno, absolutamente todas, devienen redondas y rotundas. No importa donde mire, siempre encuentro alguna imagen que enlaza con esa idea de nacimiento y muerte.

Un atardecer púrpura sobre un frio domingo de invierno, una pelota tras la que corre un crio a quien llaman cuatro ojos, unas cortinas de tul blanco tras las que se adivina una caricia, la felicidad de los instantes esculpida una y otra vez en la memoria de la nostalgia, el túnel viscoso de las proyecciones, la incapacidad de expresar las emociones, el silencio construido a base de todo aquello que nos negamos a decir porque creemos que siempre tendremos un mañana y, a su lado, mi posible maternidad o la muerte de mi padre. Decía Freud que el último paso para la independencia emocional del ser humano, es la superación del padre. Superar al padre quiere decir ser capaz de reconstruirle desde el amor y del perdón, pero no cualquier amor o perdón, tan solo aquel que comienza por uno mismo.

Tú lo hiciste tal como eras y yo no supe hacerlo mejor, tal como soy. Es soltar el lazo que se anuda sobre la muñeca y dejar el globo partir, y contemplarlo en su marcha. Es aceptar que nada es como habíamos esperado que fuera; que la espera es como la pena, carretera recta a ninguna parte…Y mientras la vida pasa, y en la espera te congelas.

Marcos Giralt Torrente trae en su despedida a su padre, el pintor Juan Giralt, la esencia de todo nacimiento. Aceptar que ese hecho es algo con lo que tendremos que vivir el resto de nuestras vidas, y aceptarlo con amor para que no suponga nuestra muerte en vida.

Descubrir que merece la pena contarlo sólo cuando se evoca desde un lugar acogedor y elegante es algo que uno tiene que haber aprendido antes, y tal vez ese sea el regalo que la vida del padre de este escritor, mejor o peor, le legó. Ver en el padre lo que el hijo no quiere ser, y aprender a quererlo. Ser justo lo contrario que del otro tanto te ha dañado, porque le querías, precisamente. Descubrir que nos vendarnos los ojos para disimular una convivencia teñida  de secretos que nunca es tarde para desanudar, pues en realidad, se nos cae la venda mucho antes de que le pongamos palabras a las emociones a los que nos someten los hechos de las personas a quienes hemos amado.

El autor nos desliza por momentos que hieren porque los reconocemos como propios y que por eso en la mayor parte de los casos preferimos identificar con la ficción. Pero lo que nos cuenta Giralt es real, y es paradójicamente  esa ausencia de literatura donde nace la verdadera y auténtica calidad literaria de Tiempo de vida. Porque una vez que lo hemos vivido, lo único que nos queda es contarlo, porque la belleza de esta obra nace precisamente de la necesidad de escribirla, de dentro hacia fuera, desde la hondura y la humildad con la que indaga en la relación de ambos también donde sólo había silencios, precisamente.

Un género, el de no ficción, poco dado a apartar el ego de la pluma, y que Giralt consigue deshacer llamando a las cosas por su nombre, desde la verdad y la honradez. Puede respirarse la arquitectura de esta novela como un lugar de techos altos y decorado minimalista en el que se deslizan las almas de un padre y un hijo, sin esquinas donde esconderse, sin miradas opacas, tan solo fogonazos que conforman un todo.

Descubrir que tú eres egoísta en cosas que tu padre era generoso, que a él le enseñaron a callar y por eso tú necesitas comunicarte, que somos caras de la misma moneda pues en realidad, en palabras del autor, todos creemos merecer más de los que tenemos. Como las curvas y las gafas rotas del niño que corre, todo en el interior de esta obra es rotundo y descarnado. Evitando cualquier exceso de sentimentalismo, emociona el modo en el que abre las puertas de los trasteros, los altillos y mira debajo de las camas.

Impresiona que la vida sea tan sabia que le ayude a cerrar las páginas con el nacimiento de su propio hijo, aquel a quien un día él tendrá también que rendir cuentas. Pero ni siquiera este hecho nos aleja de la sabiduría de la vida, refleja solo el curso natural de los seres humanos.

Lean esta novela, y reflexionen sobre sus propias ausencias antes de que sea tarde. Caminen de la mano de este gran escritor que nos regala una literatura de una belleza, una elegancia y una hondura a la altura de las grandes despedidas. Sin pretensiones, la vida misma.

Tiempo de vida

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