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SCOTT WALKER

VUELVE EL HOMBRE

Texto_ Pablo Vinuesa

El fin del mundo está cerca, sí. Va a ser que los mayas tenían razón, porque el regreso a la actividad de grupos asiduos a transitar por el borde del abismo como Dead Can Dance, Swans, Godspeed You! Black Emperor o Scott Walker no hace más que reafirmarlo.
El caso de Noel Scott Engel, Scott Walker para los amigos, tiene su punto extra de interés al considerar que, si hacemos una media entre sus últimos cinco discos, el espacio entre ellos nos sale a nada menos que 7,6 añitos de nada. Algo lógico si tenemos en cuenta que el material que compone el tito Scott desde, al menos, “Climate of The Hunter” (1984), es de lenta y compleja digestión, y no sólo porque la música sea tan especial que necesitaría una etiqueta en sí misma para ser definida, sino porque sus letras están trufadas de referencias literarias y culturales no aptas para los rockeros más simplones. Discos como “Tilt” (1995) o “The Drift” (2006) son como viajes a un universo tan sugerente como asfixiante y claustrofóbico, en el que es complicado sumergirse pero del cual no se quiere salir, toda vez dentro.

Y es que Walker siempre ha sido muy consciente de que su música tenía que ser personal hasta las últimas consecuencias. Ya se pudo comprobar cuando terminó renegando del fulgurante éxito, sobre todo entre el sector femenino, de los Walker Brothers, porque estaba cansado de ser un guaperas al uso, y comenzó una carrera discográfica en solitario que, desde “Scott” (67) hasta “Scott 4” (69), sobre todo, tuvo al gran Jacques Brel como una de sus mayores influencias.
A estas alturas, Scott Walker no tiene nada que demostrar, y su nuevo álbum, “Bish Bosch” (4AD, PopStock!, 2012) no iba a ser una excepción. Es complicado definir un disco en el que se van sucediendo paisajes oníricos, casi surrealistas, donde la voz de barítono surgido del Averno de Walker entra y sale a placer, rodeada por orquestaciones malsanas, ataques furibundos de teclados industriales y guitarras distorsionadas; un LP, al fin, donde nuestro protagonista se permite licencias como grabar unos sonoros pedos o terminar su discurso con unas alegres –ejem- tonadas navideñas bajo el descriptivo título de “The Day the Conducator Died (An X-mas Song)”. Estamos hablando, ténganlo en cuenta, de un tipo que obligó a su percusionista a machacar a puñetazos un enorme costillar de vacuno, a manos desnudas, para conseguir en el estudio un sonido a su gusto.
No vamos a recomendar a discreción este “Bish Bosch”, porque probablemente espantaríamos a la mitad de la audiencia de CLONE mag para siempre jamás, y con parte de razón, pero sí diremos que resultará imprescindible para todos aquellos adictos a las sensaciones extremas y, por supuesto, a fans de Engel que ya disfrutaran con otras deliciosas aberraciones como “Tilt” o “The Drift”. Los mayas, ya saben.