R&BNCION VOLUMEN II

R&BNCION V II Jesse Boykins
JHENE AIKO, THE DREAM Y DRAKE

Texto_ Javier Carretero

JHENE AIKO

¿Quién es Jhené Aiko? Podría ser una torre de babel andante, ya que un sinfín de etnias la edifican. ¿Y lo que no es? Según sus propias palabras, “no tu próxima popstar”. Tras una carrera que comenzó a los 13 años haciendo colaboraciones para el grupo B2K, con una parada obligatoria en el camino para ser madre conjuntamente con uno de los ex miembros del grupo, Jhené vuelve con fuerzas para dedicarse simplemente a la creación, alejando de su camino la nebulosa de la fama y cualquier pretensión económica. Con esta propuesta como denominación de origen [vídeo de "Stranger"], Jhené lanzaba allá por marzo su autoeditado “Sailing Souls”, con colabos de artistas como Kanye West, Drake, Miguel o Kendric Lamar. Un disco que era rápidamente etiquetado como la versión femenina de The Weeknd, dejando claro que el nuevo R&B indie (como ya se empezaba a etiquetarlo) tenía una clara exponente femenina con todas las condiciones necesarias, tanto musicales como estéticas y de personalidad, para apuntalar el género. Después de un éxito homogéneo y de, a buen seguro, también un número apabullante de ofertas y propuestas, Jhené Aiko lanzaba una defensa a su serio proyecto musical, blogueando la siguiente declaración de intenciones: “Sólo para que quede claro… No soy tu próxima estrella del pop. Nunca lo quise ser. Nunca quise ser un producto de entretenimiento. Yo soy una inspiración. Yo no hago canciones para entretener y distraer. Yo escribo canciones para inspirar. Para sanar. Para tomar conciencia de mí misma“. Dejando claro el espectro en el que se mueve para erradicar futuras confusiones. El 17 de diciembre por fin firmaba su contrato discográfico con Def Jam o, mejor dicho, con No.I.Do, el productor de Chicago que fue mentor de Kanye West y a quien este rescató del ostracismo poniéndolo los últimos años en órbita y encargándole la presidencia de su sello Good Music. Un tipo que no por casualidad se ha convertido recientemente en el vicepresidente de la mismísima Def Jam. Las palabras de Jhené dejan claro que su fichaje se debe a que confía en que No.I.Do sabrá gestionar su carrera al modo coherente y serio que ella reclama, siendo Def Jam algo secundario, diríamos que hasta colateral.

Jhene Aiko

THE DREAM

De todos los renovadores del R&B es el más veterano, y por consiguiente el que más bagaje tiene, aunque el inicio de The Dream como artista es relativamente reciente; no así su labor como productor. Editó su primera puesta en escena, a la que tituló “Love Hate”, en 2008. Dejaría luego constancia testimonial, cumpliendo fielmente de manera anual con “Love Vs Money” (2009), “Love King” (2010) y “1977” (2011), mientras el The Dream productor encadenaba un hit tras otro en las listas de ventas de todo el mundo, comprando estanterías de diseño para su colección de Grammys. La historia de Terius Nash comienza en el mundo de la producción conociendo a Laney Stewart, ayudándole este en la creación del tema “Everything” de B2K, de su álbum ”Pandemónium!”. Los años siguientes siguió produciendo y escribiendo temas para su antigua mujer, Nivea, demostrando los primeros destellos de calidad pero sin encontrar la repercusión mediática. Fue a raíz de la alianza con Tricky Stewart cuando The Dream entra en una espiral de éxito que lo convierte en el Rey Midas del R&B más comercial. Aprovechando el impulso de su popularidad, pasó a deleitarnos con unos discos de escapismo creativo, convirtiéndose sus álbumes en un espacio diáfano para que el artista explayara el verdadero genio que hay detrás de éxitos vacuos y lucrativos. “Love Hate” se lanzó sin llamar la atención, pero poco a poco el tiempo hizo que se convirtiera en el disco R&B del año, según iba aumentando la repercusión en los medios debido a su incuestionable calidad, sí, pero también a la sorpresa mayúscula que producía entre los seguidores el hecho de que en el género no todo estuviera ya inventado. Aquel año sufrimos, uno tras otro, lanzamientos de álbumes que no aportaban nada nuevo y reproducían una fórmula de “buen rollismo” que estaba gastando ya sus últimos cartuchos de creatividad y rédito comercial. The Dream llenó la coctelera y mezcló el sonido con el legado ochentero de Prince y unas producciones vanguardistas. Y la agitada mezcla consiguió callar las bocas de todos esos que le auguraban como un futurible juguete roto, que había encontrado la fórmula del éxito y que lo explotaba en cada canción pero que, como en toda moda, su legado seria efímero. Entonces llegó “Love Vs Money”, disco redondo con homenaje a R.Kelly incluido, del cual se hizieron eco revistas como Time o Rolling Stone. Aun no siendo esta última muy dada a valorar positivamente las muestras de R&B contemporáneo, le otorgaron una casi perfecta puntuación de 4.5 estrellas sobre 5. Hablamos de un disco en el que ningún tema es desechable y que se reproduce en contexto compacto: en concepto lírico y argumento sonoro. Fue la demostración de que su anterior disco no fue producto de la suerte, y ni mucho menos un ejercicio de egocentrismo por parte de un productor que, cegado por el triunfo e inconsciente de sus limitaciones, se cree tan genial como para afrontar una odisea que deje sus vergüenzas al descubierto. Tampoco se nos puede pasar esa idea por la cabeza, cuando se puede visualizar por internet un vídeo en el que lo vemos facturar dos de los temazos del disco en dos horas, casi nada. Llegó el verano de 2010 poniendo en libertad un nuevo fascículo de su saga Love, pero además se le unía un periodo personal bastante arduo. Poco tiempo después de ser padre de una niña con la también cantante de R&B Christina Milian, esta finaliza un compromiso matrimonial que duraría menos de un año al pillar a Terius con su asistenta personal en unas fotografías en la playa. Comento este cotilleo inocuo porque para su siguiente disco será importante.

The Dream

Pero situándonos en “Love King”, que navegaba alejado de toda polémica ya que fue concebido antes de ella, y teniendo en cuenta que fue un fracaso comercial puesto que las ventas en las primeras semanas fueron casi exiguas (y eso que su ex mujer lo apoyó públicamente advirtiendo de que su talento musical nada tenía que ver con sus deficiencias como marido), aun así fue bien acogido por la mayor parte de la crítica. En mi opinión esconde temas memorables como “Make up Bag”, “Nikki Part 2”, “Turnt Out” o “Yamaha”, que alterna con temas totalmente desechables como el repetitivo “Love King” o la insípida “Florida University”. Además hay que añadirle un “bonus” con nada menos que 5 temas, en el cual ninguno es despreciable; más bien todo lo contrario. Tras esto llegamos a un punto de inflexión en su carrera, cuando al fracaso personal ya relatado se le une el profesional, ya que tiene serios problemas con su discográfica Def Jam (¿les suena de algo?) para poner en libertad su cuarto trabajo de estudio, que llevaba por aquel entonces el futurible título de “Love Affair”. Ante esto, al señor The Dream se le ocurrió liberarlo pública y gratuitamente en su página web, utilizando su verdadero nombre, Terius Nash, para evitar así posibles problemas legales con su discográfica (aunque esta, ante el anuncio, intentara pararlo por todos los medios posibles). El 31 de agosto de 2011, por lo tanto, regalaba al mundo su álbum, titulado “1977”. La idea de utilizar su propio nombre tiene un claro componente simbólico, y también sirve como clara reivindicación al despojarse de la parafernalia luminosa que envolvía su producto y abrir las puertas del hombre que se esconde detrás de todos esos puestos altos en las listas de éxitos. Una clara declaración de intenciones, la de demostrar que es un ser humano con todo lo que eso conlleva. En “1977” no encontrarás hits contundentes como los ya nombrados hasta ahora, ni encontrarás una temática lírica sensual y provocativa del tipo mojabragas; y eso responde a la pregunta de cómo un tipo gordito pudo estar con Christina Milian. Más bien su contenido lírico es sencillo y directo, evitando a toda costa cualquier lenguaje pseudopoético. Lo que encierran sus letras es el relato de un hombre angustiado que ha coqueteado con el suicidio, que se hace un sinfín de reproches beodamente en la genial “Wedding Crash”, que evoca y vomita la rabia y frustración de su divorcio en “Used To Be” o “Long Gone” [vídeo] y canta a su madre fallecida en “1977 (Miss You Still)”. Un disco terapéutico e introspectivo a lo “808s & Heartbreak”, pero siempre bajo el talento y el sonido propios e inconfundibles de un artista inquieto que ha querido, en cada tema de cada disco, llevar el género un paso más allá, influenciando y siendo un maestro para los ya antes mencionados Frank Ocean, The Weeknd o Jhené Aiko. The Dream es el rey de los sintetizadores, de los ritmos atemperados y de los estribillos adictivos. Y ahora deja en libertad al humano que se esconde tras esa máquina de producir éxitos, sin aparente esfuerzo y sin crisis creativas. Sin ninguna duda Terius Nash volverá a vestirse de The Dream; de hecho ya ha anunciado el título del próximo disco que está gestando: “Love; IV (Diary of A Madman)”. Y sin ninguna duda volverá a darle una nueva vuelta de tuerca al género, enseñándonos cómo se hace.

DRAKE

Con sólo 25 años recién cumplidos, el cantante-rapero nacido en Toronto se ha convertido en la estrella más importante, en relación calidad/notoriedad, de la música urban desde Kanye West. Después de dedicar su adolescencia a la actuación en la serie “Degrassi: The Next Generation”, pronto puso de manifiesto unas inquietudes que iban más allá de la interpretación, involucrándose de lleno en la música. Demostrando unas cualidades innatas sacó su primera mixtape, “Room from Improvement”, que lo situaba en el mapa del rap de su ciudad natal. La siguiente mixtape, “Comeback Season”, ya esconde producciones notables y colaboradores importantes (Trey Songz, Little Brother… ) apostando fuerte que, evaporando ideas equívocas, creían que este chico de un flow impresionante no estaba en esto sólo para echar el rato. Pero fue con “So Far Gone” cuando estalló cual supernova, ya que la mixtape inevitablemente fue comparada con el disco de Kanye West reciente en esas fechas, “808s & Heartbreak”. Con un sonido minimalista, atmosférico y conceptualmente adscrito al “menos es más”, el disco iba muchísimo más allá de una simple imitación y forjaba un estilo y sonido propios, acentuados por un Drake que además de rapear de manera excelente, también cantaba, y con un estilo interpretativo nunca antes registrado. Disco rupturista y éxito contundente equivalen a fichaje inmediato por Young Money Records; además, su single “Best I Ever Had” llegaba hasta el numero 2 de la lista Hot y al 1 de la lista de rap y R&B de Billboard. También ponía sobre la mesa a dos grandes productores: Boi-1Da y sobre todo Noah “40”, el que sería responsable del inconfundible “sonido Drake” hasta el día de hoy. Y justo en el centro de la vorágine, nuestro protagonista se recluyó en Jamaica para preparar su álbum de debut, “Thank Me Later”. Disco portentoso donde los haya, sólo se le pueden achacar un par de ‘peros’. El primero, que es un álbum que se preocupa excesivamente en quedar bien con todo el mundo (con los que le recriminan su discurso melancólico y lacrimógeno, calificándolo como ‘mariquita’; y con el publico supuestamente femenino, a quien la fragilidad de Drake y su corazón abierto lo hacen convertirse en un héroe), y eso se nota. El segundo: su discurso demasiado ombliguista y fanfarrón, con ciertas dosis nostálgicas y honestas. Éxito de ventas y buena acogida por parte de la crítica. Pero Aubrey Graham no había quedado conforme con su disco, consciente él más que nadie de sus errores. Se justifica de su errático concepto de álbum diciendo que no supo sobrellevar bien la presión que le causaron las prisas, su ascenso meteórico y el querer congratularse con el diversificado público, algo que le restó en su punto fuerte: su maravillosa extravagancia musical. Decidido a no efectuar los mismos errores y hacer la música que él quería, se encerró en el estudio sin prisas. Dicen los medios que lo visitaron en el proceso de grabación que su dos fuentes de inspiración eran, cómo no y valga la redundancia, una “fuente de marihuana” y un vinilo concreto, el debut homónimo de James Blake, colocado en una disposición tal, que lo encumbraba como si de una divinidad en el altar se tratara.

Drake

Dos semanas antes de su fecha oficial de publicación, que era el 15 de noviembre, el disco se filtra en la red, dejando el siguiente comentario por parte del artista: “Escúchalo y disfruta, si te gusta cómpralo. Cuídense, hasta la próxima”. Declaraciones con estilo, en concordancia con su música. A pesar de este contratiempo el disco vendió 631.000 copias en su primera semana. ¿Y qué se puede decir de “Take Care”? Pues que es un disco memorable, ante el cual y sobre todo hay que quitarse el sombrero por la -ahora sí- valentía del autor. Es un disco de sonido oscuro, experimental, nocturno, que lleva a crear un microecosistema onírico del que es imposible salir y en el que cada tema está milimétricamente calculado para crearnos una sensación de levitar sobre un letargo hipnótico de bipolaridad; amargo y dulce. Aunque es injusto destacar un sólo tema, porque cada uno de ellos le da sentido a la obra, destacaría “Marvin’s Room” [vídeo], por el simple hecho que fue lanzado como single (por no extenderlo a que, en mi más humilde opinión, también se trate del mejor single del año). El tema, además, resulta de gran importancia dentro de la conceptualidad del disco, porque evoca al estudio donde Marvin Gaye grabó su disco de compensación (tanto moral como económica), “Here my Dear”, donde relata a modo de documental su matrimonio y cómo su ex fue desangrándolo. Disco inusual y arriesgado de Marvin, que Drake asume en su persona, en su carrera y en su discurso. ¿Puede el hombre del momento en la música urban sentirse vacío, en medio de un mar de fama, dinero y tías? Pues la portada del disco responde por él… Y es que el mundo interior de Drake va mucho más allá de esas frivolidades. En un disco que podría haber ejecutado de manera infinitamente más comercial y accesible, contando con que el público “fan femenino” estaba de su parte, el tío le echa dos huevos y presenta una obra artística de una auténtica virtuosidad artesanal, sin importarle el resultado comercial que genere y haciendo de él un estilo musical en sí mismo cuya única finalidad es la de la realización personal y profesional. Y es que a Drake el dinero no le ha reportado la felicidad, pero hacer discos como este “Take Care” le acercan a ella, y de paso a nosotros con él.

OUTRO

La historia del hoy conocido como R&B independiente tiene su origen en el disco de Kanye West “808s & Heartbreak” [vídeo de "Love Lockdown"]. Ya lo dijo hace poco Chris Martin: “Kanye ha cambiado la forma en la que escuchamos música en nuestros días”, y no le falta razón. Con ese disco, el gurú Mr. West tenía la meta de crear un nuevo estilo musical, el “pop art” (no confundir con su faceta pictórica), pero se equivocó. Eso sí, sólo en la forma de denominarlo, nunca en el contenido, pues el legado de su aportación, hoy en día, es etiquetado como nuevo R&B, emo-rap, R&B indie y mil ocurrencias más. Hay algo que nos queda claro: Kanye West fue, como casi siempre, el pionero, gracias tanto a su propio talento como a la personalidad sus discípulos, y gracias a la conjunción de ambas cosas se ha llegado hasta este punto. Hasta una reinvención completa de género que nos depara un futuro prometedor, con el que, al fin, estamos ávidos de sorprendernos y empaparnos. E incluso hundirnos.

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