Libros ilustrados

Ilustración de Suzy Lee para “Sombras”, publicado por Bárbara Fiore Editores
GUSTAZO LO LLAMAN
Texto_Maru Sánchez
Alejada del bombo y platillo de las noticias apocalípticas donde el e-book es el padre de todos los males editoriales, en las librerías de toda España otra revolución está tomando las estanterías. Sólo basta pararse y mirar. Sin hueco en las cabeceras superventas, pero muy cerquita de allí, con su buena parcela de impacto visual, los libros ilustrados son esa golosina que no te puedes quitar de la cabeza, ese capricho al que los amantes de los viajes infinitos en páginas de colores sabemos que vamos, gustosos, a sucumbir.
A priori parece una de esas tendencias de vuelta a los orígenes que todo lo impregna últimamente, desde la filosofía “eco”chasta el elogio de la lentitud puesto de moda por el periodista británico Carl Honoré; sin embargo, hay algo de novedoso en estos libros. Lo visual, patrón vertebrador por antonomasia de nuestro día a día, recupera su estatus de elemento primigenio, casi tanto o más que la palabra escrita. ¿Dónde ha quedado, entonces, ese motor fundamental para el fomento de la imaginación y la evocación que supone cualquier texto escrito? ¿Son estos libros ilustrados el último ingenio editorial para esos que ni leen, ni trabajan, ni nada, pero que sí gastan? Podría, pero no. Muy lejos de la idea de dar todo masticadito, subyacen concepciones más románticas que, a su vez, todo hay que decirlo, casan a la perfección con las exigencias del mercado. Aunque capitaneados por editoriales en su mayoría independientes como Los Libros del Zorro Rojo, Media Vaca, Kalandraka, Barbara Fiore o Nórdica Libros, pero también por algunas mayoristas como es el caso de Edelvives, que tiene en su haber algunos de los mejores álbumes ilustrados por la prestigiosa artista Rebeca Dautremer, este tipo de libros traen a las manos de quien los ojea los recuerdos de quien comenzaba a imaginar leyendo. Pero sobre todo a entrenar la materia gris a partir de hermosas, sugerentes, inéditas ilustraciones y dibujos.

Ilustración de Shaun Tan perteneciente a la serie “Esbozos de una tierra sin nombre”, editado por Bárbara Fiore Editores
Tenemos la casa. Ahora el tejado
Nuevamente resulta llamativo que en la era de las pelis en 3D, el trabajo de orfebrería de la ilustración siga estando valorado e incluso sea un elemento de culto. Y es que el público ha madurado, y así nos lo comenta Diego Moreno, editor de Nórdica Libros, que sostiene que “cada vez hay un público lector más formado que disfruta con los libros bien editados”. Una afirmación que Alberto Vitó, colaborador de la editorial Bárbara Fiore, refuerza al considerar que “se están perdiendo los prejuicios… En ese sentido nos encontramos ante un público cada vez más maduro que, lejos de avergonzarse de leer un libro con dibujitos, se interesa precisamente por ese elemento gráfico, incluso como prioridad, sin ningún tipo de complejo”. Y he aquí una cuestión fundamental. El libro visto no sólo como un objeto de dispersión, disfrute a través de lo que cuenta, sino también como un objeto de colección, algo único que puede disfrutarse también sólo viendo sus tapas y ojeando sus páginas. Un factor este último que, no se puede obviar, es fiel reflejo por otra parte de nuestra sociedad cada vez más visual.
A este respecto el responsable de Nórdica es claro al concluir que pese a que al principio pensó que su público objetivo tendría un nivel adquisitivo alto y rondaría los 45 años, su sorpresa fue mayor cuando descubrió “la cantidad de gente joven que compra estos libros. Incluso están siendo recomendados en colegios, pues son ediciones en muchos casos asequibles y que animan a la lectura del texto clásico”. Con títulos en su haber como “Caperucita Roja”(Charles Perrault), “Cuánta Tierra Necesita un Hombre” (Tolstói), “El Extraño Caso de Dr. Jeckyll y Mr. Hyde” (R. L. Stevenson) o “Bartlebi, el Escribiente” (Herman Melville), la recuperación de los clásicos es una de las bases de esta editorial especializada en las literaturas de los países del norte y que, como el propio Moreno afirma, “dan nueva vida a estos autores”. Un poco en esta línea, el sello Akal ha lanzado una colección titulada sin eufemismos Grandes Libros. Bajo este paraguas, las obras completas de Sherlock Holmes y títulos como “Alicia en el País de las Maravillas” vienen, no sólo acompañadas de interesantes ilustraciones de autores contemporáneos y fotografías de la época, sino que están minuciosamente comentadas y anotadas por expertos. Verdaderos tesoros atemporales de la producción editorial.

Ilustración de Shaun Tan perteneciente a la serie “Esbozos de una tierra sin nombre”, editado por Bárbara Fiore Editores
Tendencias
La irrupción de lo digital no ha supuesto para nada un freno a la hora de nuevas incorporaciones a la industria editorial. A la sombra de los grandes best sellers y productos edulcorados de los gigantes del sector, crecen y se reproducen rarezas, ediciones cuidadas, títulos ignorados en un cajón y rescatados con cubiertas bien pulidas, caprichitos al fin y al cabo, para todo buen amante de los libros que se precie. “Proporcionar al lector una reflexión, una experiencia estética o simplemente un momento agradable” es según Alberto Vitó, de Bárabara Fiore, una de sus metas. Y es que esta editorial ha hecho de la ilustración el alimento base de su producción editorial. Tomando como punto de partida la sección infantil, títulos como “Emigrantes” o “El Árbol Rojo”, ambos con las maravillosas ilustraciones de Shaun Tan, “La Fuga”, de Pascual Blanchet o “Hermosa Soledad”, de Jimmy Liao, traspasan sin palabras apenas las fronteras de la imaginación infantil para echarnos a la cara un buen montón de pensamientos poéticos, filosóficos y humanísticos no aptos para todos los adultos.
Precisamente con esta raíz común en el público infantil, en 1998 nació Kalandraka, una de las editoriales más punteras en álbumes infantiles y que recientemente ha lanzado un título que diverge un poco de lo realizado hasta ahora, “Kipling Ilustrado”, dedicado al escritor británico e ilustrado por otros tantos artistas plásticos contemporáneos, entre ellos Ajubel, Pablo Amargo, Isidro Ferrer, Pep Montserrat, Pablo Auladell, Paco Giménez y Arnal Ballester.

Ilustración de Shaun Tan para “Emigrantes”, publicado por Bárbara Fiore Editores
Una experiencia estética
Finalmente, y si de libros con personalidad se trata, no podemos dejar de hablar de una de las editoriales más singulares y que más ha apostado por este tipo de producto. Los Libros del Zorro Rojo cuenta en su catálogo con títulos imprescindibles de la historia de la literatura pero además vestidos de gala, preparados para un gran banquete. Y es que con un gusto no disimulado por la literatura fantástica y de misterio, con autores como Lovecraft,Poe, Kafka o Stevenson, el sello cuenta asimismo con otra línea sobre literatura hispanoamericana del siglo XX, donde escritores como Juan Gelmán, Alejandra Pizarnik, Nicolás Guillén, Ricardo Piglia o Mario Benedetti encabezan, desde diferentes géneros, un elenco de trabajos ilustrados por Carlos Alonso, Antonio Seguí, Arnal Ballester, Pat Andrea, Carlos Nine, Luis Scafati, Enrique Alcatena o Enrique Breccia, entre otros.
Así, y aunque pueden caer rayos y centellas, rabos de lagartija y pelos de rata sobre el mercado editorial, las musas del arte siguen teniendo el antídoto. La belleza, en la base de estas experiencias estéticas y literarias llamadas libros ilustrados, es capaz de desarrollar la sensibilidad cultural y social de quien se atreva, aunque tan sólo sea por un momento, a navegar por sus páginas. Y a eso, amigos, no hay bruja que se resista.














