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LA BELLA Y LA BESTIA

Texo_ Fran G. Matute

No son tiempos para el esparcimiento. Ni tampoco para las casualidades. Por eso los lectores con cierto espíritu emprendedor procuramos forzar la realidad para jugar con ella. Buscar paralelismos donde, por naturaleza, no los hay. Unir los puntos a nuestro antojo para moldear figuras que no formaban parte de la solución. ¿Por qué no? Puede que así encontremos parejas de baile, a priori, imposibles. Como la de Sara Mesa (“Cuatro por cuatro”, Anagrama) y Jesús Carrasco (“Intemperie”, Seix Barral), protoestrellas equidistantes del firmamento literario patrio que ofrecen en su novelística mundos singulares en los que la belleza y la bestialidad campan a sus anchas.

Espacios reducidos, cemento, educación, personas Vs. campos abiertos, tierra, leyes naturales, animales. No pueden partir de conceptos más distantes, Sara Mesa y Jesús Carrasco. Y, sin embargo, en el interior de sus coordenadas geométricas encontramos los mismos impulsos primarios: la soledad, el dolor, la huída, la adaptación al medio… la supervivencia, en definitiva.

Cuenta “Cuatro por cuatro” la intrahistoria de un colegio privado, de corte elitista, reglado y opresivo. Narra “Intemperie” el encuentro de un niño y un pastor anciano, mimetizado con el campo, el rebaño y la vida salvaje. Ambas novelas hablan de silencios. De secretos que nadie quiere escuchar. De la introspección como mecanismo de defensa. Del descubrimiento de uno mismo. Incluso ofrecen, al que así lo quiera ver, una crítica feroz al actual estado de las cosas. De la opresión de la vida urbanita a la huída hacia adelante que ofrece el mundo rural.

Pero sobre todo, Mesa y Carrasco proponen universos propios, reconocibles en la realidad pero que se encuentran cosificados. Personajes sin nombres, o con motes, que no identifican ya al ser humano que fueron sino a su fachada, a su máscara. Formas vivas que representan comportamientos. Que con sus acciones filosofan el día a día. El gesto, la mirada, la fisicidad de las palabras. Palabras que imponen belleza a la bestialidad. En su entorno y en su dintorno.

Carrasco pinta con una prosa poética un escenario telúrico, salvaje y sofocante. Mesa emplea esa sequedad en su propio lenguaje para plantear un ambiente hosco igual de asfixiante. Aún estando campo a través, Carrasco oprime a sus personajes bajo el calor, el sudor y la fatiga. Encerrados en cuatro paredes, Mesa convierte la seguridad del cubículo saneado en un fantasma terrorífico que la mente inestable no es capaz de digerir.

El hombre se enfrenta a la creación, en “Intemperie”. El hombre se enfrenta a sí mismo en “Cuatro por cuatro”. Ambos enfrentamientos deparan finales cruentos. Mientras que las dos obras hacen referencia a la disponibilidad de lo físico, Mesa lo refiere a las personas y Carrasco al animal, a la bestia. El hombre se comporta conforme a las leyes naturales en “Intemperie”, en una relación de dependencia panteísta. En “Cuatro por cuatro”, se comporta contra natura, abusando del igual, eliminando lo divino de la ecuación. Es entonces cuando la filosofía del cultivado y su metafísica académica chocan frontalmente con la sabiduría del anciano que sobrevive de la inasibilidad de lo rural: la tradición oral.
Las dos novelas representan una batalla contra la inmensidad y plantean dilemas morales. En “Intemperie” se alecciona sobre ello a través del sacrificio cotidiano del anciano y su ejemplo, que el niño observa con detenimiento, aprendiendo por ósmosis. En “Cuatro por cuatro” la moralidad se pervierte, tal y como percibimos en los papelotes encontrados del enigmático profesor García Medrano. Resulta curioso comprobar cómo en la novela de Mesa ningún personaje aprende nada a pesar de la pedagogía impuesta, y la de Carrasco, en su humildad, es toda ella una lección vital.
Hasta en lo externo vislumbramos motivos para continuar con este baile de máscaras. Pues los autores no sólo pertenecen a una misma generación sino que comparten ciudad sin ser oriundos de ella. Pero mientras la carrera de Mesa fluye sutilmente con la normalidad del que triunfa creciendo artísticamente, la de Carrasco surge como un fogonazo. La paciencia contra la inmediatez. El tesón frente al milagro, aplicando ritmos distintos a una evolución que debería ser similar.

Pues en los dos está presente una misma línea estética afín a la literatura contemporánea más cruel. Extranjera más que local. Bernhard, Canetti. McCarthy, Coetzee. Inteligencia y estética. Violencia y profundidad. Elementos éstos con los que se forjan las grandes historias humanas -de las que no necesitan toneladas de páginas- como las que se narran en “Cuatro por cuatro” e “Intemperie”. Extraña pareja de baile, sí, casual. Como si fueran dos afluentes literarios que desembocan en el mismo lugar y terminan formando parte del mismo espectáculo: la narrativa con mayúscula. Cierran así su danza macabra, Sara Mesa y Jesús Carrasco, sin quitarse la careta, sin saber muy bien todavía quién es la Bella y quién es la Bestia en esta historia.

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