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Juan Fernandez Alava

el arte que enciende la mecha

Texto_ Serena Ávila

Juan Fernández Álava, 1978. Gijón, Asturias, parte desde la contemplación hacia el deseo de registrar la realidad sabiendo que ésta vive en un presente que también refleja el pasado. Sus cuadros buscan alcanzar ese grado de existencia autónoma donde los personajes viven dentro de un marco que refleja nuestro mundo.

Desde Clone hablamos con él y nos cuenta.
Mis influencias son múltiples y van creciendo con el tiempo. Hay artistas u obras concretas que de repente saltan delante de mis ojos y acaparan mi atención, como me sucede recientemente con Alice Neel o Ryan McGinley. Pero también hay una especie de memoria visual muy asentada en mi retina que reviso una y otra vez. Ahí están Velázquez, Van Gogh, Cranach, Goya, Memling, Picasso, Hopper… Fotógrafos como Sander o Rineke Dijkstra.

Las grandes obras que admiro consiguen crear tensión entre el qué y el cómo. Esa tensión les da vida. Supongo que por mis carencias técnicas y de oficio trato de esmerarme en construir bien la imagen y alcanzar ese punto mágico en el que la propia pintura dirige el proceso. Pero claro, eso llega si hay previamente una imagen que deseo pintar. Entonces, si todo encaja, el pincel va solo. Sí es cierto que trato que mis pinturas representen las cosas que me interesan, como una pose, la textura de una chaqueta, un rostro… pero la pintura siempre me exige arriesgar durante el proceso y eso requiere mucha atención. Hay un constante vaivén entre narración y forma.

Le preguntamos por su proceso creativo y la inspiración.
Actualmente el retrato centra toda mi atención. Y la atención no surge únicamente mientras pinto, sino que inevitablemente observo a la gente que veo en la calle, en las revistas, en las películas… Cada vez me apetece más pintar a gente que conozco, así que les saco fotos en mi estudio. De ahí salen algunas imágenes que ya poseen algún germen que quiero llevar al cuadro. Suelo mirar libros de pintura antes de comenzar a pintar. Es una motivación, un calentamiento. Después me centro en la pintura. Pintar es algo muy extraño, imposible por completo. Hay días en los que entras en el agujero de gusano por el que te lleva la pintura y otros en los  que te das de bruces contra un muro y no sale nada de lo que te propones.

A veces estoy con un amigo y de repente comprendo que tengo que intentar pintarlo. También me sucede con el paisaje. Probablemente ese deseo venga tras un proceso silencioso de acumulación. Veo mucho un tipo de imagen y llega un día que siento que lo tengo que pintar. Y también está el propio arte. Mirando pintura me entran ganas de pintar. Es el arte el que enciende la mecha.

Antes de marcharse, tocamos el asunto del compromiso del artista y la sociedad.
Un artista, nos dice, tiene que ser honesto con su obra. Debe hacer sólo aquello que cree que tiene que hacer. Van Gogh pintó siempre lo que necesitaba pintar. Fue un regalo inmenso y bellísimo para su sociedad y todas las que estén por venir.

Parte de su obra se expone estos días en www.laNew Gallery. No le pierdan de vista.
Más info sobre el artista [en este enlace]