Buy Sildenafil Online Strattera no prescription buy ventolin online trazodone no prescription buy Abilify no prescription buy Zoloft without prescription buy fucidin buy Wellbutrin online buy Flagyl without prescription buy Professional Levitra no prescription buy professional Cialis online

IN-EDIT CRONICA

American interior

 

12ª edicion del Festival In-Edit Beefeater: cronica

Texto_ Aurelio Medina

Para bien o para mal, el género de documental musical sigue teniendo un enfoque puramente divulgativo. Uno parece que va a ver documentales sobre música con la intención de conocer aspectos biográficos del artista o la banda, como si fuésemos a leer la wikipedia de un grupo a través de imágenes. Sigue abundando ese tipo de películas, construidas para dar a conocer la singular vida de un músico o el recorrido wikipediado de una banda. Uno suele acabar viendo muchos documentales casi clonados en la forma, donde lo que varía es básicamente la figura artista, ya sea Elliot Smith, Freddie Mercury o Johnny Winter. Pongámonos en lo peor: estos documentales acaban siendo glosarios de anécdotas más o menos divertidas en los que se suele echar en falta lo más importante, la música. Poca información sobre procesos creativos, sobre las influencias musicales que definen el sonido de un músico o una banda, sobre el contexto en el que surgen ciertos grupos… por no hablar de esos documentales que abusan del cotilleo y las historias de alcoba, cayendo descaradamente en el amarillismo.

El texto está tomando un tono muy agrio y no me gustaría parecer que quiero revolcarme en una crítica tan negativa hacia el género. Para remontar el vuelo, reconoceré que la programación de este año del Beefeater In-Edit ha ofrecido documentales que tiran hacia este estilo y que he disfrutado, como Breadcrumb Trail, el docu sobre Slint que, sin ser una maravilla técnicamente, sí que ofrece un material de archivo muy valioso, como esos ensayos en el sótano de los padres de Britt Walford, donde comenzaba a darse forma al sonido del grupo cuando todos eran unos adolescentes. Las entrevistas a Steve Albini y al resto de miembros de Slint también ayudan a subrayar la aportación de la banda a la escena musical de aquel entonces. Blue Noise, por ejemplo, también es un interesante acercamiento global al shoegaze, trabajo que contextualiza la emergencia de estas bandas británicas a finales de los ochenta y equipara su éxito (más bien, la ausencia de éste) a la posterior explosión del britpop.

 

 

Sí que ha habido en esta edición del In-Edit otro tipo de películas más arriesgadas y diferentes, por utilizar adjetivos un tanto generalizantes. La nueva película sobre Nick Cave, dirigida por Ian Forsyth y Jane Pollard, juega a la confusión entre documental y ficción, y filma al músico en su día 20.000 en la tierra. 20000 days on Earth es un ejercicio onanista en torno a Cave pero no deja de tener su gracia, al estar a medio camino entre el homenaje, la promoción del Push the Sky Away y la autoparodia. La estética convincente, la presencia magnética de Cave y otros momentos lúcidos hacen la película muy disfrutable, si uno es fan del personaje.

 

 

El premio al mejor documental musical recayó en American Interior, otra película con virtudes que se sale de la tangente. Construida por Gruff Rhys, cantante de Super Furry Animals, en colaboración con Dylan Goch, la película fue un éxito entre el público. Rhys descubre un día que tiene un antepasado que viajó a norteamérica en busca de una tribu que hablaba galés y, atraído por la historia, se monta una gira con PowerPoints por aquellos lugares que pisó su antepasado, viajando junto a un muñeco de felpa que hará las veces de ancestro. La película es una divertida búsqueda por el interior de América, puntuada por ese sentido del humor surrealista y sin altas pretensiones de Rhys, que parece haber encontrado su particular dorado en esta historia: disco, película, libro y app.

 

 

La película más arriesgada de la programación era A spell to ward off the darkness, documental de no-ficción que hicieron en 2013 los artistas Ben Russell y Ben Rivers. La radicalidad de la propuesta quizás sea el motivo por el que fuese tan mal acogida, al menos en el pase en el que yo estuve: risas durante la proyección y pitos al aparecer los créditos. Ambos tienen mejores trabajos documentales, pero A spell to ward off the darkness ofrece momentos deslumbrantes en torno a la vida en tres actos de ese extraño ermitaño en el bosque. Recuerdo vivamente el largo plano inicial del lago, la escena de la pesca y de la cabaña en llamas, o la posterior filmación de la actuación de black metal, en un único e hipnótico largo plano que bascula de los rostros de los miembros de la banda a los de los asistentes al espectáculo.

 

 

Para terminar y no hacer más larga esta pseudo-crónica debería citar a Frank Scheffer, veterano cineasta que ha basado su trabajo en la música clásica y sobre el que Beefeater In-Edit diseñó este año un homenaje. Se pudieron ver emotivos trabajos sobre John Cage, Mahler, Varese o Zappa, películas que filman de manera íntima a algunos de los artistas más influyentes del siglo XX. Se agradece esta ventana abierta por el festival y el poder descubrir nuevas miradas o enfoques dentro de la música, más allá de la programación principal, orientada habitualmente al indie y la música popular. Sí, esa vía divulgativa del cine documental musical también alberga sus lecturas positivas.

Más sobre el festival en www.in-edit.org