ARQUITECTURA ESCRITA

Texto_Vidal Romero

CONSTRUIR EL NUEVO MILENIO

Varios Autores
(Phaidon)

Los cambios de década son siempre territorio abonado para la reflexión, la recapitulación y la puesta en orden de las ideas: el momento ideal para que el cuerpo crítico de las revistas y las secciones de cultura de los periódicos hagan bisagra, miren hacia atrás y tracen una línea evolutiva en el desarrollo de algún tipo de arte, industria o actividad. Esta actitud es peligrosa en cualquier género de estudio, porque la falta de perspectiva impide disponer de una distancia crítica suficiente tanto para lo bueno como para lo malo: es decir, que por un lado se tienden a sobrevalorar las creaciones o actitudes más recientes (el siempre estimulante efecto de “lo nuevo”), y por otro se desprecian las más antiguas, esas a las que ya empiezan a asomarle las arrugas o, directamente, han dado con sus huesos en el baúl de los olvidos.
Pero más que en cualquier otra actividad, esta actitud es particularmente peligrosa en la arquitectura, una disciplina en la que el arco temporal que va desde los primeros bocetos de un edificio hasta su terminación suele abarcar muchos años, sobre todo en el caso de las obras públicas o institucionales, más complejos en cuanto a su diseño y también sometidas a una gestión política tortuosa y enrevesada, por mucho que la chapucera actuación de los responsables municipales en casos como el del Metrosol Parasol de Sevilla o los Teatros del Canal de Madrid parezca sugerir lo contrario. Esta sensación de deriva temporal es lo que se siente al ojear “Construir el nuevo milenio”, un coqueto volumen cuyo objetivo es hacer un suma y sigue de las distintas corrientes surgidas en la arquitectura en la última década (su subtítulo, “Arquitectura de comienzos del siglo XXI”, ya lo advierte de manera clara). Y se siente porque, junto a edificios de una modernidad incontestable (más allá de reflexiones estéticas, quiero decir), como los Estudios y Centro Cultural de la Televisión China, de OMA, la Tienda de Ann Demeulemeester en Seúl, de Mass Studies o los estadios de Herzog & De Meuron (el Allianz Arena de Munich y el Estadio Nacional de Pekín), aparecen obras que parecen pertenecer a otras épocas, y que están aquí consignadas sólo por su interés mediático: es el caso del Walt Disney Hall, de Frank Gehry, del Centro de Arte Contemporáneo Lois & Richard Rosenthal, de Zaha Hadid o el Proyecto Edén, de Nicolas Grimshaw. Una aparente bipolaridad que, en realidad, refleja a la perfección la realidad de la arquitectura en el momento actual: una batiburrillo de actitudes, en el que resulta difícil consignar movimientos y la espectacularidad se impone a cualquier otro criterio estético, como consecuencia de esa loca carrera en la que se hallan metidas muchas ciudades que, siguiendo el ejemplo de Bilbao y el Guggenheim, desean redefinirse a cuenta de grandes proyectos arquitectónicos.
En cuanto a la manera en la que “Construir el nuevo milenio” muestra los proyectos, no puede ser más sencilla: cuatro páginas por cada edificio, con fotos cuidadas, textos explicativos y algún plano general. Y aunque el que siga la actualidad de la arquitectura encontrará la selección de obras correcta y con pocas sorpresas, hay que tener en cuenta que el público al que va dirigido es otro. De ahí que no existan textos que reflexionen sobre los giros que han sacudido a la arquitectura durante estos diez años. O a lo mejor es que tampoco hay demasiado sobre lo que reflexionar: es lo que sucede cuando gobierna la sociedad espectáculo, que la imagen siempre prevalece sobre el contenido.

Nightscapes. Paisajes nocturnos

Marc Armengaud, Matthias Armengaud, Alessandra Cianchietta
(Gustavo Gili)

Una de las fallas habituales en los proyectos de arquitectura es el de la iluminación artificial: se proyectan los edificios pensando en cómo rebotará la luz sobre ellos, en cuáles serán los filtros que utilizaremos para impedir la desmesura de la claridad y en lo bien que quedarán las líneas de sombra sobre la fachada, pero casi nunca se da la misma importancia a la iluminación artificial, a pesar de que los edificios también se habitan y se perciben de noche. Los tres autores de este interesante librito reflexionan sobre esos aspectos desde otros tantos puntos de vista: el carácter que impone la noche sobre el paisaje, y cómo afecta a la relación que se tiene con las ciudades y los edificios (incluyendo casos tan concretos y atípicos como la celebración de ferias o grandes acontecimientos culturales); la importancia de la iluminación en las grandes infraestructuras, y cómo sirve para reflejar la escala desmesurada de éstas en el tejido urbano, y cómo la adecuada elección de una buena iluminación puede modificar los significados y el papel de un edificio o espacio público. Una cuidada guía de jardines, plazas y edificios y algunos apéndices (iluminación de jardines de noche, reflexiones acerca de las arquitecturas efímeras) completan un libro ameno, interesante y original, al que sólo se le puede criticar que no siempre emplea el tono adecuado y que a veces presenta lagunas importantes (el evidente desconocimiento que Cianchietta posee sobre festivales de música y raves, por ejemplo).


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